¿Mediación: prevenir o curar?

“Están tan mal que solo se plantean una mediación”,
me decía hace unos días una compañera, pidiéndome que atendiera a una familia empresaria.

Después de hablar con los hermanos —segunda generación de la empresa familiar— entendí que necesitaban un mediador porque la comunicación en su familia estaba rota.

El relevo generacional les había desbordado.

Las reuniones familiares habían terminado en gritos y descalificaciones personales.

Normal, que nadie se lleve las manos a la cabeza.

Es más fácil dejarse llevar por las emociones cuando discutimos con hermanos o padres.
También cuando se abordan temas empresariales.

Porque detrás de las decisiones empresariales hay jerarquía, dinero, reconocimiento y poder.

Y, sobre todo, hay diferencias.
Que es lo que peor se lleva entre hermanos, educados desde la infancia con la idea de que lo que recibe uno también lo recibe el otro.

Volviendo al caso que os comentaba: cuando esto ocurre, la mediación es imprescindible.

Si te encuentras mal, te duele la cabeza o te mareas, vas al médico.

Si los socios familiares no son capaces de llegar a un acuerdo por sí solos, llaman a un mediador.

El mediador es una figura neutral e imparcial que guía un proceso estructurado,
que permite que la comunicación sea constructiva y facilita que sean los propios clientes quienes alcancen un acuerdo.

Pero, ¿por qué hace falta llegar a ese extremo para contar con un mediador?

En este caso, si la familia me hubiera llamado antes de iniciar las conversaciones,
previendo que la cuestión iba a ser difícil de abordar,
se habrían ahorrado mucho sufrimiento familiar y parálisis empresarial.

Porque las consecuencias de que los familiares que trabajan en la empresa estén enfrentados son nefastas para el negocio.

Porque sin la familia haciendo equipo en la empresa —como trabajadores o accionistas— no habrá empresa que sobreviva.

Conclusión: no esperes a que todo se rompa.
Contar con un mediador a tiempo puede marcar la diferencia cuando afrontáis decisiones complejas, ya sea por cómo son las personas implicadas o porque el tema lo es.